Dña Gabriela Urrutia
14 de marzo
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Antes de programar el primer vuelo multiespectral de la campaña nos sentamos con el agricultor para revisar el historial de la parcela. En esa reunión salieron tres dudas que condicionan todo lo demás: qué zonas arrastran problemas de nascencia desde hace años, qué rodales se regaron con agua de pozo con alta conductividad y en qué puntos ya se hicieron análisis microbiológicos previos. Este artículo recoge cómo se traduce esa conversación en un plan de vuelo y en una lista de muestreos, con los criterios que usamos para priorizar unas zonas sobre otras cuando el presupuesto y el tiempo no permiten cubrirlo todo.
Silvia Tejeda
2 de abril
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Los primeros siete días tras recibir los mapas de vigor son los que marcan si el trabajo sirve o se queda en un informe bonito. Hay que decidir qué zonas se muestrean primero, cómo se georreferencian los puntos y con qué equipo se hace la toma de muestras para que los resultados microbiológicos sean comparables. También aparecen limitaciones reales: ventanas de lluvia que retrasan la entrada al campo, maquinaria que no permite dosis variable en todas las parcelas y laboratorios con plazos que no siempre encajan con el calendario del cultivo. Contamos cómo lo resolvimos en un caso concreto de cebada de secano.
Martina De la Cruz
21 de abril
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Después del primer vuelo de control, comparamos los mapas con los análisis microbiológicos y con lo que el agricultor veía a pie de parcela. No todo coincidía. Hubo zonas que el NDRE marcaba como estrés y que el laboratorio no confirmó, y al revés: rodales con actividad microbiana baja que apenas destacaban en la imagen. Esa discrepancia obligó a revisar la zonificación, ajustar los umbrales de muestreo y replantear la dosis de biofertilizante en dos de las tres zonas de manejo. Aquí explicamos qué se corrigió y por qué la segunda campaña se planificó de forma distinta.