Vuelos útiles, no acumulación de imágenes
Lo que más valoro es que no nos venden un vuelo por vender. Nos propusieron volar en ahijado y en espigado, nada más. Con esos dos mapas de vigor acotamos tres zonas para muestrear suelo y ajustamos la aplicación de biofertilizante en cada una. La campaña siguiente se notó en la nascencia de las zonas que antes iban más flojas.
Cereal de secano, comarca de La Mancha del Júcar
El NDRE nos avisó antes que el ojo
En viñedo teníamos rodales que se veían verdes pero rendían menos. Con el mapa de NDRE detectaron el estrés casi dos semanas antes de que fuera evidente en campo. Eso nos dio margen para hacer análisis microbiológico en esas cepas y decidir si merecía la pena tratar o replantar. Sin ese aviso habríamos llegado tarde.
Viñedo en vaso, zona de Villarrobledo
Zonificación sencilla, aplicación real
Nos entregaron el mapa en tres zonas de manejo y una prescripción que el tractor podía ejecutar sin complicaciones. No era un mapa bonito para presentar: era una receta clara. Ajustamos dosis de bioinsumo por zona y llevamos el seguimiento con un vuelo de control al final del ciclo. Eso es lo que necesitábamos.
Olivar intensivo, término de Almansa
El análisis microbiológico dejó de ser a ciegas
Antes tomábamos muestras de suelo siguiendo una cuadrícula fija, sin criterio. Ahora las hacemos donde el mapa de vigor indica que hay diferencia real. Se tarda menos, se gasta menos en laboratorio y los resultados se pueden interpretar mejor porque sabemos qué zona representa cada muestra. Cambia bastante la forma de trabajar.
Parcela experimental de cebada, Albacete
Nos dijeron cuándo no merecía la pena volar
En una parcela pequeña y muy homogénea nos recomendaron no contratar teledetección y hacer un muestreo dirigido a mano. Perdieron un trabajo, pero ganaron nuestra confianza. Cuando volvimos con una finca más grande, el planteamiento fue igual de honesto: qué se podía resolver con imágenes y qué no.
Explotación mixta, Sierra de Alcaraz